Sobre Popper.
El mito del marco común.
En defensa de la ciencia y la racionalidad.
Ciencia.
La ciencia, según Popper, está basada en teorías que se crean para resolver uno o varios problemas (véase la cuántica o la relatividad) y una vez “aceptadas” por la academia dan a lugar a nuevos problemas previamente desconocidos. Cabe decir que a mayor sea el progreso realizado por la teoría en cuestión, mayor será la profundidad de los nuevos problemas que surjan. La ciencia busca la verdad y trata de alcanzarla con la competencia entre teorías existentes, llevando, en analogía con la selección natural, al éxito o fracaso de estas mediante un proceso activo de ensayo y eliminación del error.
Las teorías científicas deben ser, obviamente, publicadas para que luego, mediante la comunicación entre expertos, se aplique la crítica, generando un consecuente acercamiento a la verdad. Los descubrimientos científicos se basan en contradecir a la teoría actualmente aceptada (este es el elemento histórico de la ciencia) mejorando las predicciones y resultados que esta hacía (de Newton a Einstein, por ejemplo) revolucionando conceptos y generando progreso.
Este progreso científico se debe realizar con un enfoque crítico, evitando los prejuicios teóricos para no contaminar la conclusión que se saca de los datos experimentales. Más allá de este posible percance, la ciencia es el único campo de progreso que la humanidad tiene, dado que esta es racional y deducible mediante la lógica. No obstante hay que reconocer que la matemática y, a veces, las teorías físicas pueden ser guiadas por un sentimiento estético/intuitivo, sin embargo la conclusión alcanzada sigue siendo meramente racional, es decir que la racionalidad de la ciencia difiere en cierto punto de la forma en la que el científico en cuestión llega a su resultado.
Revoluciones e ideologías.
A pesar de todo, la ciencia suele tener obstáculos en su desarrollo, generalmente de carácter económico (pobreza o mala inversión política) o ideológicos: religiosos, basados en intolerancia (Darwin, Copérnico por ejemplo) o también por dogmatismo, es decir, no aceptar las teorías nuevas por un apego absurdo a las anteriores. El dogmatismo intolerante de las instituciones e incluso de los científicos es el mayor peligro para el progreso intelectual, de la ciencia y de la sociedad. Generalmente esto deviene en que una teoría se vuelva “moda intelectual” y en consecuencia una ideología (popular).
Estas modas llevan a un comportamiento cuasi religioso de los seguidores (y generalmente surge de la necesidad de las personas en tener algo en que creer). Por ejemplo, el marxista estará condicionado y observará la lucha de clases en todos lados. Esta es una prisión mental de la cual nunca seremos verdaderamente libres, pero podemos (debemos) ser críticos con todas nuestras creencias.
Las ideologías son cualquier teoría no científica que parece atractiva para las personas promedio e incluso para ciertos científicos, las revoluciones por ejemplo son ideologías (no necesariamente malas) o modas intelectuales.
Por otro lado la revolución científica (científica-ideológica) darwiniana, basada en sus descubrimientos biológicos creó una totalmente nueva ideología y forma de auto-percibir el lugar del hombre en la naturaleza, siendo este el comienzo, por así decirlo, del conflicto científico religioso. En cambio la revolución de Faraday-Maxwell fue una revolución meramente científica en las cuales sus repercusiones tuvieron lugar solamente en la comunidad científica. La relatividad general fue una de las mayores revoluciones de la historia, por que superó a la teoría newtoniana que se creía “perfecta” y totalmente asentada.
Relativismo intelectual.
El relativismo irracional es aquella creencia en la que la verdad puede cambiar de un marco (principios o fundamentos intelectuales) a otro, pero que en ningún momento hay una verdad posible entre ambos marcos, siendo todo una cuestión de perspectiva. Esto puede funcionar con convenciones sociales, dado que son arbitrarias (reglas y costumbres), pero no debe justificar la cultura de una sociedad, por ejemplo sus leyes, estas deben ser analizadas críticamente y ver cuál es la mejor organización posible, evitando justificar una institución o lo que fuere con “diferencias históricas” entre sociedades, debemos estudiar cuál es el mejor sistema y aplicarlo de la mejor manera.
Método científico.
El método científico comienza siempre con un problema (conflicto entre lo sabido y lo ignorado), para luego realizar un experimento/observación. Luego se realiza la crítica de las conclusiones mediante la falsabilidad (hacer que ocurra lo que la teoría dice que no puede ocurrir), ya que siempre existe la posibilidad teórica de una refutación experimental, lo que llevaría o, a una eliminación de la teoría o, a su corroboración momentánea debido a que estas no son más que conjeturas y debemos aprender de los errores que cometemos. Finalmente se debe evaluar la teoría en términos de potencialidad explicativa comparada con las demás teorías coexistentes.
No hay criterio de verdad, hay algo así como criterio de error (Popper). La verdad es aquello con lo que se corresponden los hechos, no obstante se debe hablar de una aproximación a la verdad, por ejemplo Teorías --> Ptolomeo < Copérnico < Kepler < Newton < Einstein (en tanto poder explicativo-predictivo de sus teorías).
Mito del marco común.
El mito del marco común consiste en la creencia de que el debate fructífero entre dos personas es posible solo si ambos tuvieron previo arreglo sobre las bases axiomáticas a utilizar. Sin embargo la discusión puede ser fructífera sin este marco, aunque será más difícil, sin embargo, el debate entre dos personas con el mismo marco será aburrido y poco útil.
Para evitar la caída en el mito del marco debemos elegir objetivos tan generales que no necesiten un propio marco especifico, un objetivo tal como entender el universo no importa si se realice con gravedad cuántica de bucles o con teoría de cuerdas, solo importa descifrarlo y llegar a una verdad irrefutable (sea cual sea).
La verdadera prisión que tenemos es la del marco intelectual (nuestros prejuicios), podemos abandonar esta, o en su defecto, hacerla más espaciosa, mediante el debate con diferentes personas. Estas barreras no absolutas deben ser superadas, al hacerlo se logra se alcanza un placer y ensanchamiento intelectual inéditos.
La utilidad del debate se basa en cuanto uno, junto con los espectadores, aprenden del otro al terminarlo y, además, en la capacidad de incentivar nuevas reflexiones propias. Se debe evitar lo más posible el tratar de ganar ciegamente el debate, debemos tener la humildad necesaria y entender que el mínimo avance producido ya es un éxito gigante para el panorama científico completo. El intento de entender y explicar el mundo por nosotros mismos es lo que hace aplicar el análisis crítico (no aceptar dogmatismos) para acercarnos progresivamente a la verdad, por ejemplo: Einstein y Bohr, Schrodinger y Heinsenberg, todos estos vivieron un enriquecimiento mutuo.
Aspectos sociales.
En las ciencias lo más importante debe ser la claridad, por lo tanto el culto a la incomprensibilidad y a la escritura oscura es absurdo y contraproducente. Las ciencias sociales poseen incontables escritores de este tipo, el verbalismo impactante, es decir, escribir trivialidades en idioma “intelectual”. Esta tendencia surge en el hegelianismo (Dialéctica e idealismo alemán) y solo lleva a la idiotización de los intelectuales.
La historia intelectual está llena de guerras religiosas e ideológicas, lo cual demuestra la cantidad de gente dispuesta a morir por sus ideas. El espíritu de la época no es justificación de lo ocurrido en un período histórico, sino que justamente lo que se debe explicar es de dónde surge este espíritu.
La historia es el estudio de cómo el conocimiento, el arte y la evolución afecta al desarrollo de los hombre y qué es lo que permite el desarrollo del conocimiento (es imposible comprender una teoría sin su historia), a modo de trama almacenable por tradición. Lo interesante de esta trama es que reemplaza la evolución biológica, ya que poseemos una experiencia previa acumulable. El por qué de la historia es describir y resolver problemas históricos interesantes para aprender de ellos moralmente y comprender el mundo a nivel sociológico, en tanto personas y situaciones. Es más recomendable estudiarla por problemas históricos que se interpretan y no por períodos, ya que tiene más sentido para comprender los sucesos.
Los períodos históricos están gobernados por ideas filosóficas no necesariamente creadas por filósofos, estrictamente hablando. Por ejemplo Rousseau gobernó a través de Robespierre, Marx gobernó a través de Lenin, Kant fue el primero en plantear la paz mundial a través de una suerte de naciones unidas, Erasmo planteó el humanismo cristiano y la tolerancia ideológica. Es decir, las ideas filosóficas tienen cierto poder político (bueno o malo) que alcanzan el poder a través de los políticos capaces de manejarlo, aunque los filósofos no sean capaces de gobernar el mundo, este está gobernado por sus ideas.
Conclusión.
Por último, la idea de que podemos fallar y equivocarnos públicamente no debe disuadirnos de la idea de luchar por la libertad y el conocimiento en pos de llevar a la sociedad a través del progreso científico, ya que a fin de cuentas es sobre las teorías fallidas, falsadas, que se sostienen las que hoy en día aceptamos.
Lectura recomendada: El mito del marco común en defensa de la ciencia y la racionalidad -Karl Popper.
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-Jordi Bustos

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