La pena de muerte.

 Reflexiones sobre la pena de muerte.

 Desde la mirada de Koestler y Camus.




   Decir, primero que nada, que Koestler (imagen más grande) estuvo a punto de ser condenado a pena de muerte en el año 1937.
    Las concepciones y tradiciones culturales normalizaron las ejecuciones como un "mal necesario" en nuestra historia reciente. Pero si retrocedemos un poco más, hasta el siglo XIX, nos encontramos en Inglaterra el no mal llamado "Código sangriento" donde 230 delitos eran condenados con  la pena capital. No solo eso, si no que las ejecuciones eran públicas y se declaraba feriado nacional para que todos pudiesen asistir al espectáculo, donde generalmente ocurría una suerte de locura compartida entre los espectadores. Ni hablemos de que existían verdugos voluntarios.
  Secularmente se vio a la pena de muerte como un acto "ejemplificador" para potenciales delicuentes que asistan al show público, mediante la fuerte impresión que este causa, siendo así que se disminuía, por prevención, la tasa de criminalidad. Este pensamiento estuvo acompañado por la idea de justicia talión, apoyada por la opinión pública y los jueces ultra conservadores de Inglaterra, donde la pena debía ser proporcional al delito cometido, obteniendo, verdaderamente, venganza y no justicia, dado que el criminal perdía todo su caracter humano y no tenía capacidad de correción futura.
    La aplicación de la pena de muerte era tan ubicua en los juzgados que el jurado inglés no tuvo otra solución que declarar a la gran mayoría de criminales como dementes, en vistas de que si los declaraban culpables era la pena de muerte el castigo correspondiente, aunque esta fuera increíblemente desproporcionada al crimen cometido, por ejemplo si un pobre robaba comida para alimentarse podría llegar a ser condenado a muerte.
   A modo de dato curioso, la última ejecución legal no humana (condena de pena de muerte con juicio y abogado  incluido) ocurrió en la Suiza de 1906 y la pobre víctima fue un perro. A lo largo de la historia se han juzgado con la pena capital a aproximadamente doscientos cerdos, caballos, perros, ratas entre otros animales, como si  de verdaderos humanos racionales y con voluntad propia se tratara.
    Después de muchos debates y años de activismo político se consiguió abolir la pena de muerte en Inglaterra y fue, junto a Francia, uno de los últimos países europeos en hacerlo. Se logró su abolición bajo los argumentos de que esta solo buscaba la eliminación absoluta de lo que no como sabe corregir y que es una acción irreversible que va en  contra de todos los valores occidentales. Además de que al abandonar la ejecución pública, porque es mejor hacerlo en una prisión, de noche y sin que nadie se entere para no herir la sensibilidad social, se desarma completamente el argumento "ejemplificador" de la pena de muerte. A todo esto tampoco hay ninguna prueba empírica sobre que su realización baje realmente los índices de criminalidad (se ha llegado a la conclusión estadística de que la pena es irrelevante).
   Por otro lado, decidir cuándo un hombre debe, o no, vivir es una decisión moral imposible y totalmente arbitraria que nadie debería poder/tener que decidir, dado que nadie es absolutamente inocente. A la hora de elegir el castigo se debe tener en cuenta, como atenuantes, el contexto del criminal en cuestión, ya sea su educación, familia y todo suceso que haya influido en su conducta a lo largo de su vida.
   La finalidad de una condena debe ser, en primer lugar, un castigo razonablemente proporcional al crimen cometido, segundo la protección de la sociedad en general y por último la futura enmienda del criminal tras cumplir su condena para ser correctamente re-insertado en la sociedad.
   Para finalizar es necesario hablar, humanizando correctamente la figura del criminal, de la tortura psicológica inhumana que implica ser condenado a muerte, la angustia y desesperación de esperar el día durante semanas, meses, o años, como ocurre en ciertos casos estadounidenses actuales por ejemplo. Esta es la más terrible de todas las muertes, sumado al dolor irreparable que se le genera a la inocente familia del condenado durante todo este proceso y que tristemente deberán llevar consigo durante toda su vida.

Lecturas recomendadas: Reflexiones sobre la horca  -Arthur Koestler y Reflexiones sobre la  guillotina -Albert Camus.

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-Jordi Bustos

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